Hace miles de años, tuvo lugar la primera transacción y nació el comercio. El comercio probablemente sea lo que ha impulsado el desarrollo humano de manera tan constante desde que comenzaron los primeros intercambios. Antes de eso, cada vez que alguien quería algo, tenía que hacerlo por su cuenta, pero con el comercio, todos tenían más haciendo menos.

Con el comercio, un individuo, digamos Troglodita, podría especializarse en la caza de mamuts, mientras que, digamos, Cavernícola podría dedicar su tiempo a confeccionar ropa en la cueva. Luego, ambos obtendrían carne y ropa, intercambiando una parte de su producción por otra trabajando menos que antes y dedicando menos tiempo. ¡Esto habría sonado a brujería a aquellos que antes tuvieron que perseguir, tejer, cocinar, pescar, construir casas y cultivar verduras por sí mismos!

¿Qué pasaría si esos calcetines no estuvieran hechos de vaca, si no de tigre? ¿Cuántos calcetines valdría el mamut entonces?

Este tipo de comercio se llama trueque. Al intercambiar, podrías obtener algo bueno a cambio de otra cosa, pero ¿qué hubiera pasado si Cavernícola le hubiera ofrecido a Troglodita un calcetín a cambio de un enorme mamut? Troglodita claramente habría rechazado el trato, no había arriesgado su vida luchando contra la bestia, solo para tener algo con que mantener sus pies calientes. Este es el principal problema del trueque, ¿cuánto vale cada cosa? Alguien podría considerar que un mamut valía 100 calcetines, mientras que otros podrían haber argumentado que un calcetín es más valioso, dependiendo de su demanda de ese bien en particular. ¿Qué pasaría si esos calcetines no estuvieran hechos de vaca, si no de tigre? ¿Cuántos calcetines valdría el mamut entonces?

Otro inconveniente del trueque era que el comerciante tenía que llevar los productos con él al mercado, pero ¿cómo esperaban que Troglodita pudiera llevar un mamut en su bolsillo (bolsillo de la chaqueta que ya había adquirido a Cavernícola)? En China, se dieron cuenta de que esto era un problema y, según los informes, comenzaron a hacer pequeñas figuras de metal representativas de los bienes, por ejemplo, un mamut que cualquiera podía llevar, o una vaca en miniatura, o por qué no, una espada. Entonces, el Sr. Mandarín podría ir a visitar a Troglodita y exigirle el mamut que le había prometido, intercambiándolo por la pequeña figura que Troglodita le había dado antes. Ahora, el problema del transporte estaba resuelto, pero ¿qué pasaba con el otro problema? ¡Seguía sin resolverse!

El dinero había nacido, y pronto proliferó la fiebre por el mercado.

Alguien se enteró de este problema y decidió crear monedas. Las monedas eran piezas de metal que cualquiera podía usar para comprar cosas, pero no solo un bien determinado, sino que podían comprar lo que fuera siempre que hubiera alguien dispuesto a venderlo, porque sabían que con las monedas que obtenían como resultado de la venta, podrían comprar otro bien y todos lo aceptarían. El dinero había nacido, y pronto proliferó la fiebre por el mercado. Todos querían vender y comprar cosas en el mercado, porque además de obtener la capacidad de poder comprar cualquier bien, ¡podían obtener ganancias de la transacción si jugaban bien sus cartas! Nuestro amigo Troglodita habría estado muy feliz si supiera que podría obtener dos mamuts a cambio de un solo mamut simplemente haciendo algunas transacciones acertadas de por medio. Desafortunadamente, el Sr. Troglodita había desaparecido decenas de siglos antes de la invención del dinero.

Jiao Zi, el primer papel moneda de la historia

Un problema que tenía este tipo de dinero era que los falsificadores podían enriquecerse instantáneamente creando dinero falso, haciendo que las monedas y billetes (que también aparecieron en China) fueran menos fiables. Debido a esto, algunos gobiernos comenzaron a hacer su propio dinero oficial, el cual era más difícil de falsificar, no solo por su parecido exacto, sino también por el hecho de que los falsificadores se jugaban ir a la cárcel. Cuando Marco Polo visitó China alrededor del año 1200 d.C., se encontró un amigable mensaje tallado en la moneda china: “Los falsificadores de moneda serán decapitados”. Pese a todo, hoy en día, el dinero todavía sigue falsificándose.

En resumen, aunque el trueque fue un gran paso en el desarrollo humano (no olvidemos que nuestro amigo Troglodita tenía mamuts y calcetines con menos esfuerzo), se enfrentó a un gran problema: la equivalencia. El dinero resolvió este problema, pero creó uno nuevo: la falsificación. ¿Tú qué opinas, estimado lector?

Una respuesta

  1. A mi me parece que todo el dinero hoy en día es ficticio puesto que no hay ningún activo subyacente que lo avale.

    La solución debería ser volver a respaldar el dinero con activos. No con uno solo, como pasó con el patrón oro, sino con una cesta de commodities que permitan diversificar sus fluctuaciones.

    ¡No obstante, mejor que el trueque es, claro está!

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